Un sistema operativo precisa de una configuración inicial y de una atención continuada para asegurar que el sistema se mantiene efectivo, fiable y eficiente para todos los usuarios.
El sistema operativo debe tener una o más personas designadas como administradores para gestionarlo y prever su rendimiento. El administrador del sistema tiene la responsabilidad de asegurar su adecuado funcionamiento, de saber a quién poder llamar si no se pueden resolver los problemas internamente, y de saber cómo proporcionar recursos hardware y software a los usuarios.
La delegación de responsabilidades de administración varía de un sistema a otro. En sistemas grandes las tareas de administración pueden dividirse entre varias personas. Por otro lado algunos sistemas pequeños ni siquiera necesitan un administrador a tiempo completo; en tales sistemas se asigna a un único usuario la tarea de administración. Si se está trabajando en un entorno de red, dicha parte puede gestionarla un administrador de red.
El administrador tiene que conocer muchos de los aspectos técnicos del sistema, saber cuáles son las necesidades de los usuarios así como cuál es el propósito principal del sistema. Cualquier sistema informático es un recurso finito, por tanto se deben establecer y hacer cumplir las normas que regulen su uso. Así, el administrador tiene un papel técnico y normativo. Por ello, el administrador debe ser una persona responsable, habilidosa y diplomática.
La descripción exacta del trabajo del administrador del sistema depende frecuentemente de cada organización. Un administrador del sistema puede encontrarse envuelto en una amplia variedad de actividades, desde establecer normas para instalar software a “mover muebles”. Sin embargo, hay una serie de tareas que todos los administradores tienen que gestionar:
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| Presentación Unidad 1 |